Digamos que dentro de mi particular TOC (trastorno obsesivo
compulsivo) reservo una pequeña parcela para los bolígrafos. No puedo escribir
con un boli cualquiera. Para que un boli me guste debe reunir una serie de
condiciones, que no vienen al caso, pero debo reconocer que hasta que hice el
MIR me generaba más ansiedad quedarme sin bolis de los que me gustan que
dejarme un tema sin estudiar. Ahora ya no tengo tiempo y escribo casi con
cualquier cosa, así que cuando encuentro un boli que me gusta me revienta que
llegue algún adjunto o enfermera y me diga: “¿me dejas el boli? Enseguida te lo
devuelvo”. Esa es una mentira casi tan grande como cuando un cirujano dice que
le quedan diez minutos. Nadie devuelve los bolis. Me cabrea taaanto que me
roben los bolis, que ya sólo llevo uno encima y no lo presto bajo ningún
concepto. ¿Y qué es un médico sin un boli? Es lo más cercano a sentirte
desnudo. Puedes ir sin fonendo, pero… ¿sin boli? A otros especialistas los
representantes farmacéuticos les regalan bolis a diestro y siniestro (entre
otras muchas cosas), pero a nosotros los anestesistas, como todo es genérico y
no damos beneficio, pues no nos visitan y no nos regalan ni bolis… Tal y como
están las cosas en la sanidad, vamos a tener que traernos los bolis de casa.
Aunque bueno, como se está instaurando la historia clínica electrónica y
quieren que sean hospitales sin papel, a lo mejor dentro de poco ya no tengo
que preocuparme por semejante memez…
Yo quiero chanar
lunes, 28 de mayo de 2012
jueves, 24 de mayo de 2012
Buenos, malos y bocachanclas
De todo tiene que haber en la villa del señor y en el mundo
de la medicina no iba a ser menos. En el mundo de las personalidades se dan una
serie infinita de combinaciones posibles y sin embargo, hay rasgos que se deben
de heredar emparejados, como por ejemplo la ineptitud y la prepotencia, que
además se suele asociar a la mala educación. Ya está la trastornada esta con
sus desvaríos otra vez… Es posible, pero es que hoy me han tocado la moral y
como encima soy una sensiblona del club de la lágrima fácil que se toma todo
por el lado ñoño, he acabado llevándome un berrinche tontísimo por un gañán
cromañónico que no lo merece.
Hoy me han fallado los dos bloqueos nerviosos que he hecho,
lo cual no me preocupa en exceso porque es una técnica que requiere una curva
de aprendizaje y aún siendo muy muy bueno, te pueden fallar, aunque a
cualquiera con un poquito de amor propio le jode en lo más profundo de su ser
que algo te salga mal.
Cuando el pollopera este ha visto que el primer bloqueo no
iba bien, no le ha sentado muy bien, pero no ha dicho nada. Pero cuando ha
visto que el segundo no iba, ha soltado “pues sí que sois buenos, dos de dos y
encima habéis hecho un hematoma”, con un tono de superioridad y prepotencia que
me ha hecho mucha pupita. Y eso me lo ha dicho el tipo que tiene la mayor tasa
de complicaciones en sus cirugías. Lo malo es que yo no sé contestar, ni
siquiera que no se trata de que sea buena o mala, sino que estoy aprendiendo, que
parece que algunos han nacido catedráticos, ¡no te jode! Yo no le deseo mal a
nadie, pero ojalá se cruce con una gitana chunga que le eche un buen mal de
ojo, no encuentre pijamas de su talla y tenga que operar con una superpequeña.
De verdad que no le deseo el mal, pero ojalá se machaque el meñique del pie al
levantarse cada mañana.
No me importa que me machaquen con lo que debería saber y lo
que no, mientras me enseñen algo, pero que lo hagan a costa de una valoración
injusta o incluso de mentiras (como la Dra
Nosotroslohacíamosasí) me duele mucho.
Lo que me ha llenado de rabia es que un neandertal con cara de
ornitorrinco bizco me haga sentir que no valgo para esto. No seré la mejor,
igual ni siquiera seré buena, pero por lo menos soy respetuosa, con los
pacientes y con mis compañeros. Menos mal que estoy rodeada de muy buena gente
que me ha dado cariñito e incluso se han ofrecido a devolverle mi pena en forma
de dolor físico, ¡incluido mi jefe!
martes, 1 de mayo de 2012
Semana ¿Santa?
Según la Wikipedia,
la Semana Santa es la conmemoración anual cristiana de la Pasión, Muerte y
Resurrección de Jesús de Nazaret. Por otro lado, santo es aquél perfecto y
libre de toda culpa y pecado. Bueno, pues mi Semana Santa ha sido una auténtica
peregrinación por el hospital, y debo confesar que he pecado.
Para empezar, me he
hecho seis guardias en trece días. Esto es porque me voy de vacaciones, así que
tenía que hacer mis guardias en ese tiempo y además, si pringaba yo en los
festivos mis resis mayores se libraban, por lo que fue un acto de sacrificio
(no muy altruista, pero un sacrificio al fin y al cabo). Me ofrecieron hacer
menos guardias, pero me pudo la avaricia
y preferí la pasta a mi salud, que me voy de vacas y quiero gastar. Así que el
karma (o Jesucristo para quien lo prefiera) decidió castigarme con guardias que
harían que el mismísimo demonio se suicidara. Y claro, entre los nervios, las
carreras del quirófano al paritorio y que todo el mundo lleva torrijas para un
regimiento (y es de muy mala educación rechazar lo que te ofrecen), llega la gula, sin parar de comer. Con la
pancita llena y los pies doloridos e hinchados como botijos, en cuanto tienes
un microrrato te vas a tu cuartito a adoptar la horizontal mientras te dejan…
radiando ira por todos los poros de
tu piel cuando vuelve a sonar el busca, e intentando vencer la pereza que ha invadido tu cuerpo y tu
cerebro mientras tratas de apartar de tu mente oscuros pensamientos de
autocompasión (“¿cómo puedo ser tan desgraciada?”). El problema llega cuando de
tanto que te dan por culo, te empieza a dar igual, o peor, llega algo
interesante y hasta te gusta (lujuria).
Y por la mañana, cuando estás desayunando, sin haber dormido apenas, te cruzas
con la residente de microbiología y la de preventiva, y las ves que van todas
lozanas, con buena cara de haber dormido toda la noche, sientes una envidia que sale de lo más profundo de
tu ser. En ese momento, el único consuelo que te queda es pensar que cuanto
peores sean tus guardias, más aprenderás y mejor médico serás, aunque no sé si
eso cuenta como soberbia…
P.D: esta entrada debería haber salido publicada unos días después de Semana Santa, pero la programación de entradas de blogger me ha traicionado...
viernes, 13 de abril de 2012
Hay algo peor
Es probable que este post sea poco apropiado y fuera de lugar, pero como no tengo filtro ni autocensura, ahí va. Mentes inocentes, no leáis.
¿Hay algo peor que ir al baño y que no haya papel? Sí:
- creerte que has aprendido la lección, mirar a ver si hay papel y darte cuenta de que no hay cuando ya has empezado a mear
- ir al baño, cagar y que no haya papel
- ir al baño, andar sueltillo y que no haya papel
- ir al baño en casa ajena y que no haya papel (ni ambientador)
- llevar media guardia con ganas de cagar y cuando por fin crees que tienes diez minutos, estás abriendo la puerta del cuartito y suena el busca… toca apretar culo y bajar corriendo.
- estar cagando en mitad de la guardia y que suene el busca: cesárea urgente urgentísima de correr
Seguramente haya situaciones peores, pero tampoco es cuestión de recrearse…
domingo, 25 de marzo de 2012
Es sólo un coche...
… es sólo un coche. No paro de repetirme esa frase desde que ayer un malnacido dejó su firma de neandertal en el capó de mi coche. Vale sí, es sólo un coche, pero es MI coche. El coche que compré con toda mi ilusión cuando empecé a tener mi propio sueldo decente.
Desde siempre me ha molestado mucho que me golpeen el coche, incluso con aquel Ka de mil años con el que aprendí a conducir. No entiendo por qué la gente no tiene cuidado al abrir las puertas o al aparcar. Es cierto, son sólo coches, objetos, pero es que aún así cada uno tiene derecho de tener su coche en el estado que él quiera, no en el que decidan los demás… Tampoco entiendo la satisfacción que ha podido sentir el gañán, que me aventuro a adivinar que será un cani tripitidor, carne de botellón y de eventuales comas etílicos, al hacerle semejante destrozo a la pintura de mi coche. Podría comprender que hubiera sentido placer al verme sufrir cuando vi el rayón si fuera un sádico, pero no lo vio, lo cual me lleva a pensar que lo hizo por el mero acto de destrozar la propiedad ajena. Estoy segura de que no es tan irrespetuoso con sus propiedades, como su gorra de chencho poligonero, sus zapatillas de marca o su móvil de última generación y demás objetos comprados por sus padres (probablemente a golpe de amenaza o chantaje), aunque me atrevo a adivinar que a ellos tampoco les guarda ningún respeto. De hecho, apostaría mi coche a que esa persona no conoce el significado de la palabra respeto.
No le deseo ningún mal. Bueno sí, no voy a ser hipócrita. Ayer le deseé una infinidad de sucesos dolorosos (que por respeto a los lectores no voy a repetir). Sin embargo, pensándolo bien sólo deseo que algún día, cuando tenga su sueldo y se compre su coche, algún niñato desgraciado le haga lo mismo que él hizo con mi coche y sienta la rabia de ver cómo otros destrozan tu ilusión y sufra el trastorno de tener que dejar el coche en el taller para arreglarlo.
¿Todo esto por un coche? No es un coche, es MI coche.
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